Cerrar y abrir los ojos


 Un día...como un fantasma, por un error de dejar un canal de comunicación abierto....recibes un mensaje: "Espero que estes bien"

No conforme con eso, así como súbitamente aparece, te das cuenta que es eliminado. Sin dejar registro.

¿Te imaginas haber hablado con alguien y que te dijera que comparten un sentimiento trascendental y único, pero después se aleja de ti?

Pensar que te detectaron cáncer, te sometiste a una operación compleja y no fue capaz de desearte suerte.... Cómo si el simple hecho de que vivas o mueras no fuera relevante porque ya no eres más que un vago recuerdo en su sistema.

Me quede pensando bastante mientras veía una foto de perfil de alguien que ya no conocía ¿Sus palabras fueron reales?... Al inicio el enojo, la frustración y la rabia me envolvió. Pero luego me di cuenta que quizás solo era el reflejo de mi necesidad de reciprocidad. El anhelo inconsumado de que un ser distinto compartiera mis convicciones y emociones con una sincronía espiritual irreal.

Quizás sea necesario pasar por estos procesos que nos hacen ser conscientes de que nuestras visiones o lo que creemos una realidad universal, es solo una fantasía. 

El golpe es tan fuerte, tan contundente y tan cruel que te niegas a la verdad y culpas a un tercero. Reponerse de la reconfiguración de tu estructura mental es algo que lleva tiempo. Comenzar a entender que el presente a veces es vivido con una intensidad que tiene olor a hogar, pese a ser solo una nube que se mueve lento por el cielo, una visión que de manera casi imperceptible va cambiando sin darnos cuenta por nuestra mortalidad. 

Cuando el entorno se modifica, queda en evidencia que lo antes prometido no estaba cincelado en piedra. Ese es el momento en que se derrumba el sueño de lo que creemos era real. Ebulle la rabia, el desdén por la persona que profirió esas palabras como un juramento y una tristeza demencial que cae en forma de lágrimas de sangre.

Es un trayecto extraño, ya que no es lineal. Abres los ojos una mañana y ya no te importa. Cierras los ojos y tu corazón se estruja otra vez. Entonces aparece ese click. Tardamos en entender que nadie es culpable de su humanidad. Que sus palabras no eran una mentira en el momento en que las dijo, solo eran un juramento contextualizado en un tiempo preestablecido, un contrato con letra pequeña, una droga con fecha de caducidad y que, el "para siempre" tiene mortalidad humana.

Es así como ahora paso de ofendida y engañada por alguien que prometió darme una parte de su alma, a alguien que cae en cuenta que el alma era solo un constructo social que quizás no exista. No porque sus palabras fueran vacías, sino que estaban teñidas por la convicción de su veracidad. Como un fanático religioso.

Esa persona cumplió con sus palabras, solo que el término para siempre correspondía al tiempo en el que coincidimos. Pero tomamos decisiones, vivimos experiencias y nuestro entorno cambió, por lo que la persona que dijo esas palabras tuvo que morir para renacer para adaptarse a su nuevo hogar.

Respiro hondo y suelto estos sentimientos de añoranza por alguien que ya no esta ahí. No le seguiré dedicando mi futuro a un muerto.

Agradezco lo vivido, los juramentos y lo que eso me hizo sentir. Pero también decido mis límites. No remuevas la tierra donde yace la tumba de algo sagrado. No quieras dar destellos de lo que fue. Sé que anida la nostalgia un deseo de volar que puede sentirse incontrolable, pero siempre podemos tomarnos un tiempo y abrazar este proceso, aunque a veces cueste pasar el aire a tus pulmones. Aceptar este nuevo camino, aunque las piedras lastimen tus pies y las espinas desgarren la carne.

"Pasa la página" como dijiste. Olvida todo. Deja que la corteza cerebral de una última probada de esas memorias, que el hipocampo juzgue su lugar y que tu amígdala deje de reaccionar ante la presencia de un estímulo que te sepa a mi nombre.

Por mi parte me ocuparé de desaparecer de tu vida, dejar de estar de manera física o digital. Eliminar contactos y volverme como ese cartel pegado en un poster que al inicio llamo tu atención mientras caminabas al trabajo, con una paleta de colores perfectamente armónica, pero que de tanto pasar por ahí, de tanto sufrir por el calor del sol y la humedad de la lluvia, ya no es más que una hoja hecha girones en una escala de grises de la cual ya no se puede leer. Tan insignificante para ti, que ni siquiera notarás cuando ya no este.

Pintemos este vínculo como un cuadro donde dos personas están en un mismo lugar, a no más de ocho metros de distancia. No pueden escucharse, pero sus ojos si pueden distinguirse de manera desenfocada. Sus procesos biológicos se detienen una fracción de segundo, aunque la percepción te engañe, para luego seguir. No hay saludo, no hay miradas significativas, no hay un nombre susurrado, no hay paso en falso...solo hay otro ser humano. Un desconocido.

No hay información, no hay historia, no hay colores, no hay olores, ni siquiera paladeas algún sabor asociado. No hay canciones que nos recuerden, ni cuestionamientos sobre lo que nos duele o sobre nuestras alegrías. Abracemos la nada como un consuelo que nos conduce a lo que decidimos.

Inventa una muerte, una trágica, algo digno de mi extravagante carácter. Vive mi muerte, ve a mi funeral y dí al viento tus últimas palabras. Siente mi partida como un recuerdo lacerante al inicio, soportable después y casi inexistente al final. Expúlsame de tu ventana de overton hasta que mi ausencia sea tu normalidad. Hazme transitar desde ser un recuerdo anclado a tus sentidos, a convertirme en una anécdota de la cual ya no recuerdas los detalles. Un simple flash indolente que pasa rápida de manera eléctrica por la memoria  que pasa sin pena ni gloria y se apaga sin llegar a ser relevante, sin siquiera interrumpir un pestañeo, sin dedicarle siquiera una respiración.

Este escrito no nace desde el rencor o como una forma de vengarme. Es una oda que hace homenaje a un evento en el pasado que solo nos tienen a ambos como testigos. 

Ten presente que yo he decidido mantener mis emociones, no por ti, sino que por mi. Atesoraré una parte de ese fuego porque así lo deseo, aunque sea solo una vela en mi hogar, sin más valor que el de ser un elemento decorativo. Como una fruta madura congelada. Ya no tiene el mismo color, sabor u olor, pero su estructura sigue ahí....sin pudrirse. Jamás podría llegar a ser ni la sombra de lo que fue algún día y desaparecería en una masa viscosa y aguada de salir de esa helada prisión.

"La mariposa jamás volverá a ser pupa, ni recordará que sintió la primera vez que probó una hoja o que significó arrastrarse mientras vivía como una oruga" 

Aférrate a tus alas. Toma entre tus dedos lo que escogiste hasta que te intoxiques de esa nueva realidad. Empapa cada centímetro de tu piel con las experiencias que te da tu nuevo mundo. Deja esa pupa vacía de lo que vivimos, colgando hasta que el clima desintegre la última partícula que la compone. 

Todo lo que quedará en el aire será la incertidumbre de coincidir, de una fugaz mirada cual conejo encandilado en la carretera antes de ser atropellado. Solo sigue caminando. Mudo será el secreto del significado de ese encuentro para todo lo que se encuentre alrededor, las emociones que surjan quedarán en el anonimato de la mente. A ninguna persona le importará, nadie sabrá si en ese momento sangramos simbólicamente por una cicatriz. No habrán señales de auxilio, solo el eco de unas pisadas que se alejan.


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