Fue algo extraño, no pensé que no comer me abriría el apetito animal. Fue algo extraño que mi olfato despertará y de pronto al bajar las escaleras me encontrará mirando a la chica que subía con desespero, iba a abalanzarme encima y morder su cuello, saborear su sangre y comer su carne. Todo de ella me parecía suculento. Sobre todo sus manos, siempre me han gustado las manos de la gente, es algo tonto...pero me encantan y las de esa chica eran una fiesta. Mi estómago ruge tan fuerte que mire a la chica para ver su reacción, mi boca salivaba tanto que tenía que tragar cada minuto. Hice un esfuerzo tremendo para apartar mi vista de ella y seguir caminando, pero mi nariz al pasar cerca me hizo seguirla un poco con mi rostro para saborear cada muestra de aroma de ella....como cuando hueles un delicioso plato de comida que no puedes probar como para poder comer a través del aroma. Seguí mi camino a casa. En mi mente creo que podía oler a esa chica todavía, eso hasta que paso otra...no...
El era muchas cosas para mi. Era un padre, un amigo, un hermano, el amor platónico a quien nunca me confesé...el era todo, y aveces me pregunto en que momento nos hemos perdido tanto. Quizás porque ahora es total y completamente de su amado, y no es que este triste o celosa por ello. Pero a veces extraño estar melancólica o odiándome o sólo haciendo estupideces y que el estuviera retándome, apoyándome, dándome ánimos, o sólo....que me mirará y me dijera su trillada frase...tan contundente como el más filoso puñal: "Si tan sólo te vieras con los ojos que yo te veo...no podrías odiarte" El fue el hombre perfecto, el hombre perfecto entre crueldad y amabilidad...entre dolor y ternura...cuando te pasaba un brazo por los hombros y te miraba sabías que estabas a su servicio y que no podías cambiar eso. Cómo decir que te extraño de esa manera, sólo quedarme a tu lado y escucharte hablar francés, italiano, o lo que fuera, que me leyeras o sólo salir contigo, que me aconsejaras...
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