El era muchas cosas para mi. Era un padre, un amigo, un hermano, el amor platónico a quien nunca me confesé...el era todo, y aveces me pregunto en que momento nos hemos perdido tanto. Quizás porque ahora es total y completamente de su amado, y no es que este triste o celosa por ello. Pero a veces extraño estar melancólica o odiándome o sólo haciendo estupideces y que el estuviera retándome, apoyándome, dándome ánimos, o sólo....que me mirará y me dijera su trillada frase...tan contundente como el más filoso puñal: "Si tan sólo te vieras con los ojos que yo te veo...no podrías odiarte" El fue el hombre perfecto, el hombre perfecto entre crueldad y amabilidad...entre dolor y ternura...cuando te pasaba un brazo por los hombros y te miraba sabías que estabas a su servicio y que no podías cambiar eso. Cómo decir que te extraño de esa manera, sólo quedarme a tu lado y escucharte hablar francés, italiano, o lo que fuera, que me leyeras o sólo salir contigo, que me aconsejaras...
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Es un odio extraño.